Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Además de los placeres de la caza, el Rey tenÃa de vez en cuando caprichos pasajeros por las damas de la Corte y de otra condición. Carolina no estaba celosa de su marido, a quien no amaba y antes bien despreciaba; con todo, temÃa que una mujer, más hábil que las demás, se apoderase de una autoridad de que no querÃa desprenderse a ningún precio. En determinados momentos, con destreza e insistencia femeninas, la Reina descubrÃa el secreto de las intrigas amorosas de su marido, y se vengaba de sus rivales. Asà que, al cabo de algunos meses de intimidad con la duquesa de Luciano, el Rey confesó esta intriga a la Reina, y esta mandó desterrar a la Duquesa. Indignada la de Luciano, se vistió de hombre, y, saliendo al encuentro del Rey, le afeó su proceder. El Rey mostrose tan débil en aquella ocasión como lo habÃa sido con la Reina, y reconoció su culpa; pero la Duquesa no consiguió que se levantase la orden de destierro, en el que vivÃa aún a mi llegada a Nápoles.
Un caso análogo ocurrió a la duquesa de Cassano-Serra, aunque producida por motivos absolutamente contrarios. Fernando se fijó en ella; pero, a pesar de sus reiteradas instancias, no logró obtener lo que deseaba. El Rey se quejó a su mujer de tales rigores, y la Reina encontró medio de hacer desterrar a la duquesa de Cassano por haber sido demasiado discreta, de igual manera que lo habÃa encontrado para desterrar a la duquesa de Luciano por no haberlo sido bastante.