Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La pobre Duquesa pagó su virtud dos veces más caro de lo que otra habría pagado sus faltas, y por desgracia suya, en 1799, le fue levantado el destierro.
He dicho que el príncipe de San Nicandro estaba obligado a hacer de su discípulo el primer cazador y el primer pescador del reino, y esto, con el fin egoísta, inspirado por Tannucci, de impedir que el joven Príncipe tomase parte en los asuntos del Estado; en efecto, cuando asistía al consejo, el Rey llevaba a tal extremo la preocupación de la pesca y de la caza, que no permitía que pusiesen tintero en la mesa de deliberaciones, de miedo que se tuviese la ocurrencia de redactar algún decreto que él se vería en el caso de firmar.
Entre el rey de Nápoles y el margrave de Anspach existía una correspondencia íntima semanal sobre todo lo que se relacionaba con la caza. Cada uno de estos príncipes llevaba un registro exacto en el que aparecían anotados día por día, hora por hora, los altos hechos que los ilustraban.
Igual registro e igual correspondencia se llevaba entre el rey de Nápoles y el de España, su padre. Sucedió con frecuencia que ambos monarcas se malquistasen por diferencias políticas; mas, por muy acentuadas que fuesen sus desavenencias, nunca sufrió la menor interrupción el registro cinegético.