Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La lista de los animales monteses sacrificados a los placeres del monarca fue siempre regularmente redactada; la caza menor se anotaba de igual modo que las piezas mayores, desde el faisán, al papafigo. En una columna ad hoc se registraban las dificultades que los cazadores habían tenido que vencer, los accidentes ocurridos, las personas que habían acompañado al Rey y las proezas realizadas por dichos acompañantes, que eran mencionadas en términos laudatorios.
De estos dos registros, el destinado al margrave de Anspach era el preferido por la simple razón de que, a pesar de ser tan diestro Fernando, no era tan buen tirador como Carlos III, al paso que en este ejercicio superaba al margrave de Anspach.
La mejor lisonja que se podía tributar al Rey, era decirle que tiraba mejor que el margrave de Anspach; lo cual confirmaba el número de piezas cobradas por Fernando y que sobrepujaba a las cazadas por el margrave; al paso que, si el número de las piezas muertas por el rey Carlos III era superior a las del rey de Nápoles, debíase, no a la habilidad de aquel, sino a la extensión y a la abundancia de caza de los bosques de España.