Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Ser amada, es ya de por sà cosa extraña, sobre todo para una Reina. No pidamos lo imposible… Y, sin embargo…
Aquà se detuvo, lanzando un suspiro.
La miré con un interés cuya sinceridad no daba lugar a dudas.
—¿Y sin embargo?… —dije a mi vez.
Echome el brazo alrededor de mi cuello, y me hizo sentar a su lado en un sofá.
—¿Cuántas veces ha sido amada usted? —me dijo.
—Dos veces: una, con tierna amistad, otra con amor profundo.
—¿Y cuál de estos dos sentimientos le ha proporcionado mayor felicidad?
—El primero.
—¿Y usted?
—¿Yo?
—SÃ, usted… De todos sus adoradores, ¿cuál de ellos ha sido el más amado por usted?
Yo sonreÃ.
—¿Debo responder con franqueza? —pregunté.
—Conmigo, ¡siempre!
—Uno, el tercero, que no me amaba.