Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Yo tenÃa importantes noticias polÃticas que comunicar a Vuestra Majestad.
—ComunÃquelas al Rey; por hoy, le transfiero plenos poderes.
—Empero, cuando Vuestra Majestad sepa…
—Hoy no quiero saber nada —dijo con impaciencia la Reina y golpeando con el pie.
—¿Vuestra Majestad está con lady Hamilton?
—¡Me parece que usted me interroga! —observó la Reina.
—No, señora; pero sir Guillermo ha venido para advertir a milady que, habiendo recibido las mismas noticias que yo, sale para Caserta.
—¿Sabe que milady se encuentra aqu�
—SÃ, Majestad.
—Pues bien; que se vaya a Caserta.
—Entonces, me voy con él —añadió la voz.
—Parta usted, señor.
OÃ el rumor de pasos que se alejaban.
—Con todo, señora —me atrevà a decir—, si las noticias que le traÃan son realmente tan graves como parecen…
—Hoy, que en una mano tengo su retrato, y con la otra estrecho a una amiga sobre mi corazón —respondió Carolina—, hoy darÃa mi trono por un carlino[5]; ¡con mayor razón el de los otros!