Historia de una cortesana
Historia de una cortesana En una expedición contra los berberiscos, en la que mandaba una fragata, fue el único que demostró cierta capacidad. El rumor de una hábil maniobra llevada a cabo bajo su dirección, llegó a oÃdos del prÃncipe de Caramanico, el cual, apasionado de la gloria del trono en el que se sentaba la mujer amada, propuso al Rey los servicios de Acton. Un simple signo de asentimiento de la Reina fue bastante para que el Rey aceptase.
Ahora, bien: ¿cómo pudo el PrÃncipe, modelo de elegancia y lealtad, ser reemplazado por un simple oficial irlandés, brutal, no joven ni guapo? Es uno de esos misterios que el amor o el capricho realiza, pero que la inteligencia no explica.
El hecho inexplicable ocurrió, empero. Juan Acton sucedió al prÃncipe José de Caramanico, que fue enviado, o por mejor decir, desterrado a Londres con el tÃtulo de Embajador, y que al cabo de dos o tres años volvió a Sicilia con el de Virrey.
Se encontraba en Parma cuando la Reina me hacÃa confidente de lo que acabo de contar.
El señor Juan Acton habÃa escogido un momento muy desfavorable para llamar a la puerta de la Reina.