Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Hundió una rodilla en la mullida alfombra, a mis pies, y, con fiebre en la mirada, pulsando las cuerdas del arpa con una especie de delirio, cantó con admirable voz de contralto unas estrofas llenas de pasión y de deseo.
Al extinguirse en sus labios el último verso, llamaron suavemente a la puerta.
—¿Quién hay? —preguntó la Reina con impaciencia.
—La servidumbre y el coche de lady Hamilton —dijo una voz.
—Que se vuelvan al hotel de la Embajada —contestó la Reina—; no son necesarios aquí. Hoy retengo conmigo a lady Hamilton.
Y empujándome, me condujo a la sala de baño, diciéndome:
—¡Ven, ven!… Sir Guillermo Hamilton está en Caserta, y no volverá hasta mañana…