Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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La primera dama del Delfín, de la cual se desconfiaba, abandonaba su servicio el 12, conforme la reina María Antonieta lo decía en su carta.

La pequeña habitación que ocupaba en las Tullerías iba a quedar desocupada.

Ese cuarto comunicaba con un departamento vacío hacía seis meses, y que pertenecía a M. de Villequier, primer gentilhombre de cámara; estaba vacío porque M. de Villequier había emigrado. Ese departamento, situado en la planta baja, tenía dos salidas: una al patio de los Príncipes, otra a la calle Real.

La Reina diría que se reservaba para madame Royale la habitación de madame Rochereul, que quedaba vacante por haber esta cesado en su servicio.

Respecto al departamento de M. de Villequier, el Rey, hábil cerrajero, forjaría una llave con que poder abrirlo; por muy numerosos que fuesen los centinelas, se había olvidado de poner uno a la puerta de dicho departamento; por lo demás, después de las once, los centinelas de los patios estaban acostumbrados a ver salir muchas personas a la vez, por haber terminado a tal hora el servicio del castillo.

Había, pues, medio de salir, sin ser reconocido, confundido con los demás que iban y venían.


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