Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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Una vez fuera de las Tullerías, un sueco fiel a la Reina, M. de Fersen, se encargaría de lo demás. Disfrazado de cochero, esperaría a los fugitivos, y los conduciría a la barrera de Clichy, donde tendría preparada una berlina de viaje en casa de uno de sus amigos, M. Crawfort.

El Rey saldría disfrazado de intendente, cuya indumentaria consistía, en chaqueta de satén, calzón gris, medias de igual color, zapatos con hebillas y un pequeño tricornio.

Un camarero del Rey, llamado Hue, de estatura igual al Rey, salía desde hacía dos o tres días, y continuaría saliendo hasta la noche de la evasión, a fin de despistar a los vigilantes que se acostumbrarían a ver pasar a un hombre vestido de gris.

El Delfín sería vestido de niña.

La Reina, madame Elisabeth, madame Royale, saldrían entre las mujeres de servicio, y se esperaba que pasarían inadvertidas.

A todos ellos les faltaba pasaporte. M. de Fersen se encargó de arreglar este punto: una de sus amigas, madame de Korff, iba a salir de París; tenía pasaporte para ella, sus dos hijos, un camarero y dos camareras. Entregó ese pasaporte a M. de Fersen, quien, a su vez, lo puso en manos de la Reina.


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