Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¿Comprendes? —preguntó.
—Sà —respond×, perfectamente.
Y leà en voz alta:
La caza ha sido aplazada para el 21. Saldremos a las doce de la noche, para llegar al lugar convenido al amanecer. Esta demora es debida a una carta de crédito que vence el 20 por la mañana.
La carta carecÃa de firma; pero la Reina reconoció el carácter de letra de su hermana MarÃa Antonieta.
—¡Cómo! ¿Su Majestad no entiende? —pregunté.
—SÃ, por cierto —dijo la Reina—. Partirán el 20 a media noche, en vez del 18, porque es el 20 por la mañana cuando el Rey percibe su pensión.
—¿Y a cuánto asciende lo que debe cobrar?
—A seis millones.
—¡Cáspita! Vale la pena —dije yo sonriendo.
—Sà —respondió la Reina—; pero ¡otros dos dÃas de retardo! ¡Quién sabe lo que puede ocurrir en estos dos dÃas!
Luego, sacudiendo la cabeza:
—¡Ah! mi pobre Emma —dijo—; ¡abrigo tristes presentimientos!
Es de notar que la Reina reservaba todos sus temores para sà y para mÃ, y no hablaba de ellos ni una palabra al Rey ni al ministro.