Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Los dÃas transcurrieron. Carolina no iba a Nápoles, no salÃa de Caserta y yo no me separaba de su lado; sir Guillermo, para quien no tenÃamos secretos, y que conocÃa el desasosiego de Su Majestad, me instaba a que le fuese fiel compañera.
Todo el dÃa 20 MarÃa Carolina estaba visiblemente agitada; habrÃase dicho que se proponÃa, por medio de fatigas corporales, alejar de su ánimo las preocupaciones de odio. A partir de las doce de la noche, su agitación adquirió, si cabe, mayores proporciones.
Momentáneamente, tuvo la intención de despachar de nuevo a Ferrari para ParÃs; pero, reconociendo que, por muy de prisa que fuese, no llegarÃa antes de la salida de la familia real, desistió, optando por retener a Ferrari consigo, para un caso de necesidad.
MarÃa Carolina esperaba que en el acto de la salida, el Rey o la Reina le enviarÃa un correo dándole aviso de la misma; en tal caso, el mensajero era esperado por todo el dÃa 29 de junio.
Los dÃas 29 y 30 y las primeras horas del primero de julio, transcurrieron sin noticias; pero, dicho dÃa, sobre las once de la mañana, sir Guillermo vino personalmente y me hizo llamar.
La Reina, para quien todo era objeto de alarma, me instó a que bajase sin perder tiempo.