Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —No, mejor que eso; parta usted; nosotras le seguiremos dentro de un cuarto de hora. Vaya a palacio y diga de mi parte al Rey que reúna el Consejo. Quiero hablar a todos los consejeros; no veo ningún preparativo de guerra, y, sin embargo, estamos comprometidos con nuestro hermano Leopoldo. SerÃa una vergüenza para nosotros que él estuviese preparado y nosotros desprevenidos. ¡Vaya usted, sir Guillermo! vaya y procure saber si podemos contar con Inglaterra.
Generalmente, cuando la Reina se expresaba asÃ, habÃa tal poder en su palabra, tal dignidad en sus ademanes, tal majestad en su persona, que los que la rodeaban no podÃan dejar de obedecerla.
Sir Guillermo se limitó a saludar, subió en el coche y gritó al cochero:
—¡Al palacio real; corriendo!
Quince minutos después, conforme la Reina habÃa anunciado, Ãbamos en coche por el camino que hacÃa sir Guillermo.