Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La Reina no tenía por qué estar disgustada; en una sola sesión se trabajó más y se hizo más labor que en diez sesiones ordinarias. A la salida del Consejo quiso saber cuál era el asunto tan urgente que motivó la brusca salida de Fernando.
El montero vino a decir al Rey que una magnífica bandada de papafigos se había posado en Capodimonte. Ese era el importante asunto que impidió al rey Fernando continuar presidiendo el Consejo en que se debatían tan graves y trascendentales cuestiones.
María Carolina me había dicho que a las seis en punto estuviese yo en palacio. Hacía media hora que la esperaba cuando salió del Consejo. Me contó, encogiéndose de hombros, la ocurrencia del Rey; pero, a la postre, ella era la que salía ganando, pues, con la actitud de Fernando, asumía las funciones del Rey, y su despotismo quedaba satisfecho.
Tomamos el coche y volvimos a Caserta.
En el camino nos cruzamos con una silla de posta llena de polvo y que parecía haber hecho un largo trayecto. Al reconocer la librea real, una mujer dio orden de parar a su postillón.
Era evidente que aquella mujer venía en busca de la Reina.
La Reina hizo parar el carruaje, y esperó.
La viajera saltó de su silla, y en un instante estuvo a nuestro lado.