Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Oh, malditos franceses!
—Vi de lejos acercarse el coche real. VenÃa protegido por granaderos, que también tenÃan el encargo de proteger a los tres guardias que acompañaron al Rey en su huida, y que habÃan rehusado evadirse a Meaux, dispuestos a seguir la suerte del Rey.
—¿Sabe usted cómo se llaman esos bravos? —preguntó la Reina.
—Moustier, Malden y Valori.
La Reina tomó nota de estos nombres.
—Continúe usted —dijo en tanto que escribÃa.
—M. de La Fayette, con todo su Estado Mayor, esperaba el coche en la reja de las TullerÃas. Al verle, la Reina le dijo: «Señor de La Fayette, salve usted a los tres guardias; ellos no han hecho más que obedecer al Rey».
La reina Carolina se enjugó con su pañuelo el sudor que inundaba su frente.
—¡Oh! —dijo—; ¡cuando considero que acaso estamos destinados a ver grandes y semejantes horrores!… ¡Oh!, ¡no, no! —continuó apretando los dientes—; ¡yo los exterminaré a todos muy pronto!
Yo le cogà las manos.
—¡Oh!, ¡jamás, jamás! —le dije—; estad tranquila, señora.