Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Si supieses cuánto me odian estos napolitanos! Acaso más de lo que los parisienses odian a mi hermana… Pero, sepamos, ¿cómo llegó mi hermana a palacio?
—En cierto modo, fue conducida por sus dos más grandes enemigos, M. de Noailles y M. d’Aiguillon; asà que, cuando se vio en su poder, se consideró perdida. Se engañaba: estaban allÃ, no para perderla, sino para salvarla.
—¿Y el Rey?
—El Rey bajó el último, señora. Me pareció muy sereno; caminaba con su paso natural, entre M. de Barnave y M. Pétion.
—¿Y entonces… usted?…
—Volvà al hotel de Penthièvre a dar a la princesa de Lamballe la buena noticia de que la Reina se encontraba en palacio sin novedad. Por la noche, vino madame Campan. TraÃa de parte de la Reina esta carta que he tenido el honor de entregar a Vuestra Majestad; en nombre de la reina MarÃa Antonieta, rogaba a Vuestra Majestad que se envÃe un duplicado al emperador Leopoldo, a quien no tuvo tiempo de escribir. La noche del 23 al 24 la pasó en Meaux, y en el obispado encontró el medio de escribir a Vuestra Majestad.