Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Este lacónico aviso era tan elocuente, que el Rey y sir Guillermo no tuvieron paciencia para esperar las noticias que el barco traÃa, y fueron a su encuentro para adelantar el momento de conocerlas.
Se embarcaron en una canoa de la marina real, y, con desprecio de las leyes de la junta de sanidad, subieron a bordo.
A su llegada, fueron saludados con una salva, y el Agamenón desapareció envuelto en una nube de humo.
Al cabo de media hora, el Rey y sir Guillermo regresaron a tierra.
Sir Guillermo se encaminó directamente a la embajada y me mandó llamar, pues tenÃa necesidad de mà para recibir a un huésped inesperado.
Dejé a Su Majestad comunicar a la Reina que esta aguardaba con ansia, y, pensando que, por mi parte, también yo las iba a conocer por boca de sir Guillermo, que habÃa servido de intérprete en la conferencia entre el Rey y el capitán del buque, me despedà de la Reina y di orden al cochero de conducirme a la embajada.
Sir Guillermo me esperaba.
—Mi querida Emma —me dijo al verme—, voy a presentarte un hombrecillo que no puede jactarse de hermoso, pero que; a mi juicio, será algún dÃa uno de los más grandes guerreros que jamás haya tenido Inglaterra.
El entusiasmo de sir Guillermo me hizo reÃr.