Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Estaba a punto de estallar la guerra civil, y nadie puede decir cómo habría terminado la cosa, cuando la fragata Perla, mandada por el teniente Van Kempen, se destacó súbitamente de la escuadra y puso la proa en dirección a la plaza. El almirante Trogof aprovechó también la ocasión. Se hizo trasladar a la fragata, y enarboló en ella la insignia almirante, conociendo el gran prestigio que esta ejerce en los marineros. En efecto, a su vista, una parte de la escuadra abandonó al contralmirante Saint-Julien. Reducido este a siete buques solamente, formó la resolución de pasar por entre la flota inglesa, resolución que llevó a cabo con toda felicidad; pero, a partir de entonces, Tolón quedó sin defensores, y los realistas, dueños de la situación, dieron entrada a los ingleses.
Aunque el relato de estos acontecimientos no parezca corresponder a las memorias de una mujer, lo he querido hacer por dos razones: la primera, porque ellos tuvieron una grande influencia sobre otros hechos en los que más tarde intervine de modo muy activo; la segunda, porque mi intimidad con la reina de Nápoles me ha facilitado el conocimiento de particularidades que eran ignoradas y relacionadas con la época de que hablo.