Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Con anterioridad a la llegada del capitán Nelson a Nápoles, me presenté en la morada de la Reina, quizás en hora no acostumbrada. Con gran asombro mÃo, dijéronme que la Reina se habÃa encerrado después de haber dado orden de que, sin permiso suyo, no se permitiese la entrada a nadie.
Como semejante prohibición nunca se hacÃa extensiva a mÃ, me retiraba sorprendida de no haber sido objeto de la misma excepción, cuando oà tocar el timbre en la habitación de la Reina.
La servidumbre acudió al llamamiento, y preguntaron:
—¿Qué desea Vuestra Majestad?
—Llamen a Luis Custode —respondió la Reina.
Queriendo entonces saber por qué se me incluÃa en la consigna general:
—¡Aquà estoy, Majestad! —exclamé.
—¡Emma! —dijo Carolina.
Y abrió la puerta de par en par.
—Ya veo que estás aquà —dijo riendo—, mas ¿por qué estás aqu�
—Porque Vuestra Majestad ha prohibido la entrada a quienquiera que fuese.
—¿Por ventura ha rezado alguna vez contigo ese quienquiera que fuese? Tú eres Emma, es decir, mi amiga, la única mujer para quien no guardo secretos. ¡Ven, pues, ven!