Historia de una cortesana
Historia de una cortesana En aquel momento se oyó una voz que desde la puerta decÃa:
—Aquà está el hombre que Vuestra Majestad ha mandado llamar.
Carolina fue a abrir la puerta.
Apareció un hombre con trazas de doméstico y que, al ver a la Reina, se inclinó hasta el suelo.
—¿Estás seguro —le dijo la Reina—, de que estén aquà todos los papeles de la embajada francesa?
—Todos sin excepción, Majestad, hasta los que habÃa en el cajón del escritorio del embajador.
—¿No mientes?
—Vuestra Majestad lo verá por la algarada que el embajador va a levantar cuando advierta que ha sido robado.
—Te he prometido dos mil ducados por este robo.
—SÃ, Majestad, y he recibido mil a cuenta.
—Aunque los papeles no sean precisamente los mismos que yo esperaba, he aquà los otros mil ducados.
—Gracias, Majestad, pero no es todo lo que me ha sido prometido.
—¿Qué te ha sido prometido?
—Como soy el único que entraba en el gabinete del ciudadano embajador, recaerán en mà las sospechas, y seré detenido sin ningún género de duda.
—¿Y qué te importa, con tal de que los jueces no te condenen?