Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —CreÃa yo encontrar en estos papeles pruebas de connivencia entre los jacobinos de Nápoles y los de ParÃs —dijo—. Me engañaba; pero he encontrado en ellos otra cosa no menos interesante.
—¿Qué ha encontrado Vuestra Majestad?
—Espera —dijo—; me parece oÃr los pasos del Rey… SÃ, es él… ¿A qué vendrá a esta hora?
En aquel momento golpearon a la puerta con bastante violencia.
—¡Cuándo yo decÃa que era él! —repuso la Reina, procurando ocultar los papeles bajo los pliegues de su vestido.
Yo fui a abrir.
El semblante del Rey expresaba el sobresalto.
—¡Oh, Dios mÃo! —dijo Carolina riendo—, ¿qué tenéis, señor, y cuál es la causa de esa cara despavorida?
—¿No sabéis lo que ha sucedido esta noche?
—No; pero lo sabré luego que me lo hayáis dicho.
—Dejadme antes besar la mano a milady y pedirle noticias de sir Guillermo.
Tendà la mano al Rey, que me la besó galantemente.
—Sir Guillermo se encuentra perfectamente —respond×, y se considerará muy feliz de merecer este cordial recuerdo de Vuestra Majestad.