Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Pues bien, helos aquà —dijo la Reina, levantándose y descubriendo los papeles sobre los que estaba sentada y cubrÃa con su vestido.
—¡Oh, Dios mÃo! —exclamó el Rey, palideciendo.
—¡Emma, Emma! —dijo riendo la Reina—, acerca un sillón a Su Majestad que se ha indispuesto repentinamente.
Adelanté un sillón al Rey, que se dejó caer en él.
—Pero, señora —dijo—, se sabrá que somos nosotros los que hemos sustraÃdo esos documentos, lo cual equivale a la guerra con Francia.
—En primer lugar, señor, no somos nosotros los que hemos sustraÃdo los papeles: soy yo; en segundo término, no se sabrá que haya sido yo, y, finalmente, habrÃamos tenido, de cualquier modo, la guerra, con Francia. La sustracción de esos papeles no modifica el aspecto de la cuestión.
—¿Y por qué habrÃamos tenido la guerra con Francia?
—Simplemente, porque el ciudadano Mackau ha visto nuestros armamentos y contado los hombres y los barcos que hemos enviado a Tolón, y a la hora de ahora, Francia sabe que son cuatro mil hombres y cuatro buques.
—¡No importa! No podemos rehusar al embajador la satisfacción que pide.