Historia de una cortesana
Historia de una cortesana En aquel momento se presentó el Rey; me saludó, según costumbre, con mucha cortesÃa, indicándome con un signo que volviese a sentarme y haciendo él lo propio al lado de su mujer.
—Mi querida maestra —le dijo—, os participo que me ausento por tres o cuatro dÃas.
—¿A dónde vais?
—A cazar en Persano.
—¿Habéis recibido aviso de estar amenazados de una nueva erupción volcánica?
—No, porque en tal caso no irÃa por el lado de Salerno, sino hacia Capua… No es un temblor de tierra, una erupción, lo que yo temo en los actuales momentos.
—¿De qué tenéis miedo?
—Bien lo sospecháis.
—¿Pero dudáis de la verdad de su axioma, de la eficacia de una de sus tres efes?
—No de la eficacia, pero sà de la oportunidad.
—¿Y en la duda?
—En la duda, me ausento… ¿Acaso no es de sabios semejante parecer?
—¿Es decir que no quiere usted estar presente a lo que va a ocurrir?