Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —DecÃs bien, no quiero presenciar nada. ¿Soy yo, por ventura, el que ha reunido la junta, ni el que ha hecho regresar de Londres a Castelcicala? ¿Soy yo el organizador de esa famosa cámara oscura, cuya existencia solo conozco, afortunadamente, de oÃdas? No; todo eso es obra vuestra, señora. Yo me dedico a la caza, a la pesca, yo me entrego al reposo en San Leucio; soy lo que se llama, históricamente hablando, un rey holgazán. Vos, señora, vos sois quien reina; vos lleváis el cetro y sois una Catalina II; un dÃa seréis llamada la SemÃramis del MediodÃa, asà como la czarina ha sido llamada la SemÃramis del Norte. Y eso será muy glorioso para vos y para mÃ; pero justo es que, ya que disfrutáis de las ventajas de esta situación, os alcancen también sus inconvenientes.
—¿Conque os proponéis dejarme, ante Nápoles, ante Europa, la responsabilidad de la muerte de esos tres jóvenes?
—¿De qué jóvenes habláis?
—De los que han sido condenados por el comité esta mañana.
—¡Ah!, ¿el comité ha condenado esta mañana a tres jóvenes?
—¿Lo ignorabais?
—SÃ, por mi fe; ejerzo tan secundaria influencia en el Gobierno, que nadie se toma la molestia de ponerme al corriente de los asuntos públicos.