Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¿Quién es usted y qué quiere? —me preguntó—. ¿Es usted el ángel que yo invocaba?
—No, no soy el ángel que usted llamaba —le dije—; pero, aunque no sea un ángel, no dejo acaso de venir en nombre de Dios.
—¿Qué quiere usted decir, señora? ¿Sabe usted quién soy yo, y por quién estoy rogando?
—Usted es don José de Deo, y ruega por su hijo Manuel.
—¡SÃ, sÃ!
—Entonces, sÃgame.
—¿Adónde?
—A la morada de la Reina.
El asombro se reflejó en su semblante.
—¿A ver a la Reina? —dijo dudando entre la alegrÃa y el temor—. ¿Qué puede decirme la Reina? ¿Sabe usted que corre el rumor de ser ella la que quiere las ejecuciones? SÃ, asà es, Dios la perdone; pero, por más reina que sea, preferirÃa continuar siendo el que soy, en vez de ocupar su alto puesto.
—Venga usted —repet×. Creo que, luego de haber visto a Su Majestad, modificará usted sus juicios acerca de ella.
—Al fin y a la postre —dijo el viejo—, las cosas no pueden tomar peor cariz del que tienen; la sigo, señora.
Y se levantó.