Historia de una cortesana
Historia de una cortesana No sé cómo durmió la Reina; de mÃ, sé decir que tuve sueños horribles. Hasta el amanecer no se disiparon las visiones que invadÃan mi cerebro, y solo entonces pude reconciliar el sueño.
Lo primero que vi al despertarme, fue la Reina, de pie junto a mi ventana. En la superficie del vidrio empañado con su hálito, la Reina habÃa, con la yema de sus dedos, trazado un bosquejo del calvario y dibujado en la cumbre tres cruces.
Al oÃrme incorporar en mi cama, sacó vivamente su pañuelo del bolsillo, y enjugó el cristal.
—¡Qué fastidio! —dijo—; me he levantado temprano con la esperanza de poder dar un paseo, y he aquà que está lloviznando, lo cual acaso nos impedirá salir en todo el dÃa.
Era un proyecto de solaz y distracción que el tiempo frustraba.
—¿Hace mucho que Vuestra Majestad está aqu� —pregunté.
—Mi Majestad está aquà desde hace una hora, puesto que Mi Majestad ha dormido muy mal. Conque, levántate, y vamos a ver lo que hacemos.
Me levanté.
—¡Ah! —dijo la Reina mirándome—, tendré el gusto de verte una vez algo menos hermosa que de ordinario. Esta mañana estás pálida y ojerosa, querida amiga.