Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Ay! señora —respond×, temo que esta tarde lo estaré más.
Aparentó no entender la intención de mis palabras.
—¿No has invitado a sir Guillermo para que venga a Caserta?
—SÃ, señora; pero sus quehaceres le han retenido en Nápoles. Vendrá hoy, o mañana por la mañana.
—Tanto mejor —dijo la Reina, haciendo un visible esfuerzo sobre sà misma—; nos traerá noticias.
La conversación terminó en este punto.
Carolina se fue a su gabinete, y yo me levanté.
A las dos, cesó la lluvia. Se dio orden de preparar el coche, y bajamos a dar un paseo por el parque.
A medida que transcurrÃa el tiempo, crecÃa de punto la agitación de la Reina. Llevó la conversación sobre el cautiverio, los sufrimientos y muerte de su hermana MarÃa Antonieta, ejecutada el 16 del mes en que habÃamos entrado. Comprendà que buscaba un consuelo a los remordimientos, disculpándose en los martirios que los franceses habÃan hecho sufrir a una mujer que por su condición debÃa haber sido inviolable.
El cielo se encapotó, y regresamos al castillo. El carruaje se detuvo al pie de la escalera principal.
Carolina dio nuevo curso a la conversación.