Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Esta escalera es soberbia —dijo—, y aunque no hubiese en Caserta otras cosas admirables, ella bastarÃa para labrar la reputación de Vantivelli.
Y, mientras subÃamos, me hacÃa notar las preciosidades de la escalera.
Llegamos a la sala. Carolina estaba presa de nerviosa excitación, de esas que, en ella, se resolvÃan en una crisis. Caminaba con paso rápido, y se habrÃa dicho que se proponÃa sofocar la agitación que, contra todos sus esfuerzos, revelaba el estado de su espÃritu.
De repente, al entrar en la sala, se detuvo mirando fijamente el reloj.
Este señalaba las cuatro, y en aquel preciso instante, el martillo se levantó y con vibrante sonido dio la hora.
La precaución tomada por la Reina, la vÃspera, habÃa resultado inútil, y ¡caso singular! el péndulo, en el momento de aparecer la Reina, acababa de tocar la hora fatal que Carolina se habÃa propuesto detener.
El hecho se explica, con decir que un ujier, viendo parado el reloj, lo puso en marcha: he ahà el milagro.
Si yo no me hubiese encontrado a su lado para sostenerla, creo que la Reina se habrÃa desplomado sobre la alfombra que cubrÃa el aposento.
Quise llamar, pero se opuso.