Historia de una cortesana
Historia de una cortesana No sé lo que me pasa; de quince dÃas a esta parte, mis cabellos han encanecido y mis dientes se caen… Me siento dominado por una mortal languidez, y sospecho que me quedan pocos dÃas de vida.
No puedo decirte lo que pienso, pero tú podrás adivinarlo.
No le digas nada, y sufre en silencio; desgraciadamente, no hay remedio.
El padre era médico, y el hijo ha resultado con aptitudes para la quÃmica.
JOSÉ.
La Reina dio un grito; parecÃa que los ojos le saltaban de las órbitas.
—Conque, al parecer, ha sido envenenado —dijo Carolina.
—¡Ay, señora!
—Pero ¿por qué le habrán envenenado, si yo no le amaba ya, o cuando menos, ignoraban que lo amaba todavÃa?