Historia de una cortesana
Historia de una cortesana »La emoción de la Reina tiene, pues, origen en la noticia de haber sido asesinado el PrÃncipe. Fácil me habrÃa sido dejarla a usted en la creencia de que todo eso habÃa sido adivinado por mÃ; pero, a Dios gracias, no soy, como Gatti, un charlatán. Ahora, ¿quiere usted que le explique mi plan de batalla contra la dolencia de la Reina? Es muy sencillo. La noticia del envenenamiento del PrÃncipe existe en ella como un ensueño; ignora si ha soñado haber visto a la Princesa, o si realmente la ha visto. Esas son las dos ideas que no puede coordinar, y que no conviene que coordine, y por eso se quejaba de estar demasiado débil para resistir una nueva sangrÃa sin quedar más debilitada. Soy bastante capaz para luchar contra la ejecución de ayer, o contra el envenenamiento de hoy; pero cada cosa por separado. Si las emociones se confundiesen formando una sola, Cotugno se verÃa entre dos fuegos como un general inexperto, y Cotugno serÃa vencido. Cotugno debe hacer lo que Horacio: atacar a los Curiáceos separadamente, uno después de otro. ¿Entiende usted? Mi primer Curiáceo, es la ejecución de ayer; mi segundo, el envenenamiento de hoy; el tercero, en fin, que es el menos peligroso, la enfermedad.
—Ciertamente, señor —le dije mirándole—, es usted un hombre prodigioso.