Historia de una cortesana

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Y sin dar tiempo a la enferma de hacer ninguna reflexión, le puso la cuchara en la boca, y le hizo tragar la pócima.

—Mañana, a la misma hora —dijo—, volveré.

Diez minutos después de la partida del doctor, Carolina dormía profundamente.

***

Sucedió todo lo que Cotugno había vaticinado. Por espacio de tres días, la Reina estuvo medio aletargada, en un estado de somnolencia que no era ni sueño ni vigilia. Pasados esos tres días, Cotugno permitió que la luz de la razón iluminase un tanto su espíritu, y a los pálidos reflejos de esa luz, la enferma reconstruyó el edificio de todo lo pasado, pero bajo el aspecto vago e incoloro de sucesos acaecidos en época lejana. Yo, que no la abandonaba un solo instante, yo fui la confidente de sus impresiones al volver a la vida y a los dolores.

Estuvo tres o cuatro días sin hablarme del Príncipe. Una mañana, tras de algún esfuerzo:

—¿En mi delirio —me preguntó—, no ha venido a visitarme la Princesa de Caramanico?

—Sí, señora —respondí—; disponiéndose la Princesa a salir para Palermo, por haber sabido que su marido estaba enfermo, vino a preguntar a Vuestra Majestad si tenía algún encargo que confiarle.


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