Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La Reina estrechó con fuerza mi mano, y me miró fijamente.
—Emma —me dijo—, ¿ha vuelto la Princesa?
—No, señora.
—¿Se ha recibido carta suya?
—No, señora.
—Da orden de que, a su regreso, la hagan entrar inmediatamente.
—Pero, si las noticias que traiga no son satisfactorias, ¿se siente Vuestra Majestad lo bastante fuerte para recibirlas impunemente?
—SÃ, está tranquila; con el sosiego, he recobrado la fuerza. Solo deseo un servicio.
—Mande Vuestra Majestad.
—He aquà la llave de mi escritorio; tú conoces el secreto que en él guardo…
—SÃ, señora.
—Pues bien, ve a buscarme mi querida arquilla; tengo necesidad de tenerla a mi lado.
—Voy en seguida.
—SÃ, y vuelve pronto. Si por casualidad encuentras al Rey y te pregunta por mÃ, dile que sigo bien, pero que necesito algunos dÃas más de reposo y de soledad. Nada me serÃa tan desagradable como verle actualmente.
—Está bien, señora.
Consulté mi reloj.