Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Pardiez, que es usted bonita! No me preocupo en cuanto a esto. Su belleza resaltarÃa entre harapos; pero falta un cierto porte exterior para entrar en esa tienda montada a la moderna. Si hubiese tiempo de aquà a mañana…
En aquel preciso instante llegó la camarera de la señora Hawarden.
—¿Está la señora? —preguntó.
—No; ¿qué quiere usted de ella?
—La señorita Cecilia desea verla.
—¡Precisamente la costurera! —exclamó el señor Hawarden—. Diga usted a la señorita Cecilia que espere, y a la señora que venga.
La camarera salió. Transcurridos cinco minutos, se presentó la señora Hawarden. Yo me sentÃa completamente confundida.
—Te he mandado llamar —le dijo su marido—, para preguntarte si, de aquà a mañana, podrÃa la señorita Cecilia confeccionar un vestido para esta señorita.
—Es muy difÃcil —objetó la señora—; sin embargo, espera…
—Está bien; espero.
La señora Hawarden me miró con atención, y, acercándose a mÃ, midió sus hombros con los mÃos.
—Creo que voy a resolver el caso —dijo.
—¡Oh! FÃo en ti.