Historia de una cortesana
Historia de una cortesana He recibido, ciudadano, la carta desgarradora que usted me ha escrito sobre los acontecimientos ignominiosos que ocurrieron en Roma el 8 nivoso. A pesar del cuidado que usted ha puesto en ocultar todo lo que le es personal en esa horrible jornada, no ha podido dejarme en la ignorancia, de la intrepidez, sangre frÃa e inteligencia manifestadas por usted en el más alto grado, y de su comportamiento magnánimo en mantener el honor del nombre francés. El Directorio me encarga expresarle en la forma más vehemente y sensible su viva satisfacción por su conducta. Espero que usted creerá firmemente que me considero feliz de ser el órgano de esos sentimientos…
El Directorio empezó pidiendo el castigo de los asesinos; pero, sea negligencia, sea complicidad, ninguno de ellos fue entregado a los tribunales, ni molestado en lo más mÃnimo. Se supo que el jefe de los asesinos, llamado Amadeo, se habÃa apoderado de la espada y del cinto del muerto, que el cura de la vecina parroquia se habÃa adjudicado el reloj, que los restantes, en fin, se habÃan repartido el dinero y las ropas.
El Directorio ordenó al general Berthier, que, en ausencia de Bonaparte, operaba en Italia, marchase sobre Roma.