Historia de una cortesana
Historia de una cortesana El general hizo en seguida su entrada por la Puerta del Pueblo, y el mismo día subió al Capitolio, en donde, parodiando a los antiguos triunfadores romanos, saludó, en nombre del Directorio, a la novel República, reconocida libre e independiente por Francia, la que se componía de todo el territorio dejado al papa por el tratado de Tolentino.
Al día siguiente, catorce cardenales que habían tenido la cobardía de firmar el acta de deposición y su renuncia a todo derecho político[14], cantaron el Te Deum en la basílica de San Pedro.
El general Cervoni, encargado de notificar a Pío VI su caída, encontró al santo viejo arrodillado y orando.
Pío VI escuchó serenamente la noticia de la deposición de su poder temporal, y, a la intimación de reconocer al nuevo gobierno, respondió:
—Mi soberanía procede de Dios; no me es permitido renunciar a ella. Tengo ochenta años; la vida, pues, representa poca cosa para mí. En cuanto a los ultrajes y sufrimientos, no los temo.
Pero, como la presencia del Padre Santo en Roma era incompatible con el nuevo gobierno, Pío VI fue invitado a salir de la capital del mundo cristiano, y el día 20 de febrero partió para Toscana.