Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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Aunque los franceses se fuesen al fin del mundo, allí los iría a buscar y los encontraré, y usted me verá vencedor y digno de usted, o de lo contrario, no volverá a verme.

Siempre suyo,

HORACIO NELSON.

Esta carta, sin decir gran cosa a mi corazón, lisonjeaba mi orgullo. Nelson, en los cinco años transcurridos, se había batido como un héroe, o mejor, según más tarde me dijo, como hombre que quiere hacerse matar.

Esta vez, prometía volver digno de mí; yo estaba segura de que cumpliría su palabra. Nelson no era de esos hombres que prometen en vano.

De la azotea del palacio contemplé el majestuoso espectáculo de la flota desfilando frente a Nápoles. Con la ayuda de un anteojo, sir Guillermo me hizo distinguir el buque almirante. No podía yo ver lo que pasaba a bordo; pero no dudaba de que Nelson tenía puestos los ojos en el palacio, así como yo tenía los míos fijos en su navío.

Frente al peñasco de Capri, la escuadra se dividió; una parte tomó hacia la derecha, y la otra hacia la izquierda. Estuvo tres días sin desaparecer completamente, a causa de la calma.

Esta calma fue causa de que Nelson no llegase al fuerte de Mesina hasta el 25 de junio.


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