Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Esas instrucciones secretas habían sido dadas merced a mí, solo que llegaban un poco tarde. El mismo día en que Nelson escribía esta carta, el gobernador del puerto de Siracusa y los de otros puertos recibían aviso de proveerle de víveres, agua, maderas, de todo aquello, en fin, que necesitase, y sobre todo de no limitar el número de barcos que podían entrar en los puertos.
Un día después, Nelson escribía:
Siracusa, 23 de julio de 1798.
Mis buenos amigos:
¡Gracias por todos sus cuidados! Tenemos vituallas y agua, y por cierto que procediendo esta agua de la fuente Aretusa, hay en ello un presagio de victoria. Nos haremos a la vela a la primera brisa favorable, y crean firmemente que volveré, o bien coronado de laureles, o cubierto de cipreses.
H. N.
Dos días más tarde, Nelson escribía de nuevo a sir Guillermo:
Siracusa, 25 de julio de 1798.
Mi querido señor: