Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Transportado de satisfacción, el señor Hawarden pidió a su cliente que me permitiese ir a pasar en su casa el domingo siguiente, puesto que, según decía, quería darme una sorpresa. Al otro día, a primera hora, él me acompañaría a la joyería. El señor Plowden accedió, con tanto más gusto, cuanto que mi ausencia no podía originarle ningún contratiempo, en razón a que, los domingos, no se abre tienda alguna en Londres.

La casa del señor Hawarden, conforme se habrá podido entender por algo que dejo ya dicho de ella, no era ciertamente un centro de alegres expansiones; pero los quince días que había pasado tras el mostrador, mostrando joyas y halagando a los presuntos compradores, me habían bien predispuesto a aceptar complacida aquel asueto de veinticuatro horas, que para mí serían, ya que no de placeres, a lo menos de reposo.

El señor Hawarden había hablado de una sorpresa, y yo me preguntaba qué sorpresa sería aquella que me preparaba.

El domingo, a la hora del almuerzo, estaba yo en Leicester.

La señora Hawarden me recibió con su acostumbrada amabilidad.

Era un hermoso día de agosto. Prepararon la carretela, y fuimos a dar un paseo por Hyde Park.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker