Historia de una cortesana

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Por su parte, la Reina ofreció al glorioso lisiado la credencial del ducado de Bronte, espléndido halago, pues habiendo sido Bronte uno de los tres cíclopes que forjaron el rayo, venía a concederse virtualmente a Nelson el título de duque del Trueno.

A ese ducado iba anexo una renta de tres mil libras esterlinas

Además, el Rey notificó a Nelson su propósito de crear una orden militar del mérito de San Fernando y le prometió el primer gran cordón de dicha orden.

Para dar a sus egregios visitantes toda facilidad de subir a bordo, el Van-Guard fue puesto al pairo. Yo consideré que la lisonja más agradable a Nelson sería rogarle que nos mostrase las averías de su navío, no menos mutilado que su comandante. Esta inspección le llevaría a contarnos los incidentes de la batalla, y, por consiguiente, a hablarnos de sí mismo.

Empezamos, naturalmente, por el camarote del almirante. No bien hubimos entrado, cuando un pequeño pájaro de la familia de los papafigos penetró por la ventana y se posó encima del hombro de su dueño. Admirada de esta familiaridad de aquel nuevo huésped, iba yo a interrogar a Nelson, cuando este lanzó un grito de alegría.

—¡Oh! —dijo—, ¡bienvenido seas, y hoy más que nunca, encantador compañero mío!


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