Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Cogió al diminuto pájaro entre ambas manos, lo besó y me lo dio a besar, después se lo puso de nuevo en su hombro, donde la avecilla se mantuvo sin preocuparle poco ni mucho nuestra presencia.
Lo que acababa de decir Nelson despertó mi curiosidad, y sentà vivos deseos de saber algo relacionado con el pajarillo que parecÃa venir a cumplimentar también al vencedor del Nilo. La misma curiosidad se reflejaba en el semblante de la Reina, en el del Rey, en todos los demás visitantes.
—Oigan ustedes lo que voy a decirles —añadió Nelson—, y no crean que sea un cuento de las Mil y una noches. ¡Este pajarillo es mi genio tutelar!
—¿Cómo es eso, milord? —pregunté.
—Se dice que los antiguos no entraban en combate sin antes consultar a los augures; yo tampoco combatirÃa jamás sin consultar a mi pequeño pájaro, que es mi agorero.
—¡Oh! explÃqueme usted, milord —dijo la Reina.
—En verdad, no sé si semejante niñerÃa vale la pena de ser contada a Vuestra Majestad —repuso Nelson.
—¡Oh, sÃ, sÃ! —exclamamos simultáneamente la Reina y yo.