Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Garrick —me dijo el señor Hawarden—, es un actor, acaso el más grande que jamás haya existido.
Abrà desmesuradamente los ojos.
—Esta noche se presenta al público, quizás por última vez, al paso que por vez primera pisa el escenario una joven actriz, la señora Siddons, que es una hermosa esperanza del arte escénico. Sheridan, que es amigo y cliente mÃo, me ha enviado un palco para esta solemnidad, cumpliendo asà lo que me tenÃa prometido, y he deseado que usted participe de dicho obsequio.
—¡Cómo! —exclamé—; ¿voy a ver una comedia?
—No, una tragedia; pero espero que no habrá de gustarle menos.
Lancé un grito de alegrÃa y palmoteé lo mismo que un niño.
—¡Ah —dije—, cuán bueno es usted, señor Hawarden! ¡Cómo! ¿Voy a ver una tragedia? En tal caso, habrá reyes y reinas en el escenario.
—No, pero en cambio habrá dos enamorados, que bien valen un rey y una reina.
—¿Y cómo se llama la tragedia que veremos?
—Se llama Romeo y Julieta, hija mÃa, y es una de las cuatro obras maestras de Shakespeare.
—¡Y yo voy a verla! —exclamé, saltando de alegrÃa—. ¡Dios mÃo, qué feliz soy!