Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Una orden, una orden —dijo la Reina—; pero, en fin, esa orden tenÃa un objeto.
El Duque se inclinó sin responder.
—¡Oh! quisiera saber lo que el Rey se proponÃa —dijo la Reina, golpeando el suelo con el pie.
—¿Desea Vuestra Majestad saber lo que me proponÃa, señora? —dijo el Rey presentándose de súbito y arrojándose sobre un sillón como si llegase de una cacerÃa—. Me proponÃa, en el caso de ser hechos prisioneros por los jacobinos, evitar que me reconociesen, y esperaba que, confundiendo a uno por el otro, serÃa Ascoli, y no yo, el que colgarÃan.
La Reina levantó las manos al cielo.
—¡Oh! —murmuró.
—Pero —añadió el Rey, no comprendiendo la exclamación de Carolina—, es que esos jacobinos lo habrÃan hecho tal como lo decÃan.
—¿Y habrÃais dejado que ahorcasen a vuestro amigo? —preguntó la Reina.
—¡Ya lo creo!, ¡y con mil amores!
—¿Y usted, Duque, se habrÃa dejado ahorcar? —preguntó la Reina levantándose y adelantándose hacia Ascoli.
—El deber de un súbdito es sacrificar la vida por su señor —respondió con gran naturalidad el Duque.