Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Ah! señor —exclamó la Reina, dirigiéndose a su marido—, sois muy feliz contando con tal amigo. Conservadlo bien, que si llegáis a perderle, no es probable que encontréis otro semejante.
Y volviéndose hacia mÃ:
—Por lo demás —añadió—, no tengo para qué quejarme; porque estoy segura de que Emma harÃa por mà lo que el Duque estaba dispuesto a hacer por el Rey.
Echome el brazo alrededor del cuello, y dijo:
—¡Ven, Emma! Viendo un cortesano como este, el alma se deleita; pero ¡en cambio, se entristece al ver semejante Rey!