Historia de una cortesana

Historia de una cortesana

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HORACIO NELSON.

El cúter Flora se ha perdido, y no tengo nada que enviarle. ¿Puede usted expedirme el Incendiare? Pero, sobre todo, ¡nada de barcos napolitanos! En la marina, no hay más que traidores; en una palabra: todo es corrupción[15].

Se ve, en las palabras subrayadas, despuntar el odio de la marina inglesa hacia la napolitana, y aparecer los primeros síntomas de los celos de Nelson, celos que habían de ser tan fatales para Caracciolo.

Nelson me entregó estas dos cartas que yo pasé a sir Guillermo para que este explicase a la Reina los puntos que pudiesen ofrecerle alguna ambigüedad. Nelson escribía ordinariamente con un laconismo que, en su propia lengua, resultaba algunas veces incomprensible a sus compatriotas, y, por consiguiente, mucho más a los extranjeros.

Mientras la Reina, ayudada de sir Guillermo, leía las dos cartas, Nelson permanecía cabizbajo, dando vueltas a la pluma entre sus dedos y como si titubease en escribir una tercera carta.

Por fin, se decidió.

A lord Spencer.

Nápoles, 10 de diciembre de 1798.

Mi querido lord: Permítame usted que en dos palabras le ponga al corriente de lo que acaba de suceder.


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