Historia de una cortesana
Historia de una cortesana El ejército napolitano ha sido completamente derrotado por los franceses, y los fugitivos no tardarán en ser rechazados hasta Nápoles por los vencedores. En estas lamentables circunstancias, la Reina me ha obligado a darle palabra de no abandonarla en tanto no vuelvan dÃas más felices. El Rey ha llegado anoche, portador de su propio desastre. Parece que ha sido perseguido tan de cerca, que se vio precisado a cambiar de indumentaria con uno de sus chambelanes. El peligro, según se desprende, fue real.
Espero, pues, que el Almirantazgo no verá inconveniente en que yo continúe junto a la Reina, a quien, conforme dejo dicho, he empeñado mi palabra. Ayúdeme usted, con su alta influencia, a sostenerla, aun en el supuesto de que, empeñándola, hubiese yo cometido una imprudencia. Asà que se reciban noticias más completas, se las comunicaré.
Respetuosamente, quedo su fiel servidor,
H. NELSON.
Estas tres cartas preveÃan todos los acontecimientos posibles. La Reina dio las gracias a Nelson, y, una vez tomadas estas primeras disposiciones, quedamos todos más tranquilos.