JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Si fuese absolutamente preciso…
—Puede ser utilÃsimo; pero necesitamos un agente intermedio que acerque estos dos personajes. ¿Sabéis de alguno que conozca a Rousseau?
—M. Conti.
—No me agrada: desconfÃa de los prÃncipes: conviene servirse de un hombre de poca nota, de un sabio, un poeta.
—No conozco a ninguno.
—En casa de la condesa, ¿no he visto a M. de Jussieu?
—¿El botánico?
—Seguramente.
—¡Ah!, creo que sÃ. Viene a Trianón, y mi hermana le consiente que destroce las plantas del jardÃn.
—Esto es lo que necesitamos: Jussieu es además amigo mÃo.
—Pues somos felices.
—O poco menos.
—¿Y lograré apoderarme de Gilberto?
Después de reflexionar algunos momentos contestó el subdelegado:
—Empiezo a creer que sÃ, y sin violencia y sin gritos. El filósofo ginebrino os lo entregará sujeto de pies y manos.
—¿Lo esperáis as�
—Estoy convencido.