JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Se vio entonces a los guardias franceses mezclarse, fuera del servicio, a los grupos a que hemos hecho referencia, y tan licenciosos como severos habían sido, ocasionar a la multitud, merced a su cualidad de paisanos armados, todos los desórdenes que hubieran reprimido a culatazos y aun con el arresto, si su jefe César Biron hubiese tenido derecho para considerarlos como soldados aquella noche.
La gritería de las mujeres, las amenazas de los paisanos, y las quejas de los bolleros, cuyas tortas se comían gratuitamente, preparaban un falso tumulto antes del verdadero, que ciertamente debía ocurrir, cuando seiscientos mil curiosos se hallaban reunidos en aquel sitio, y animaban la escena de tal modo, que hacia las ocho de la noche semejaba la plaza de Luis XV un verdadero y vasto cuadro de Teniers.
Después que los pillos parisienses, que son a un tiempo los más diligentes y perezosos del mundo conocido, se instalaron o izaron, y el pueblo tomó posición, llegaron los coches de la nobleza y los altos empleados. Mas como no se había marcado de antemano itinerario alguno, desembocaron sin orden por la calle de la Magdalena y San Honorato, conduciendo a las casas nuevas aquellos que habían sido invitados, a las ventanas y balcones del gobernador, desde donde se podían presenciar los fuegos con la mayor comodidad.