JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Inesperados ruidos resuenan de vez en cuando en la plaza; una linterna cae al suelo y se destroza; el que la llevaba se precipita desesperado sobre un muerto, para abrazarle por la vez postrera.
Pero en aquel vasto cementerio escuchábanse otros clamores que desgarraban el alma.
Magullados algunos infelices por la turba inmensa que habÃa pasado sobre sus mutilados miembros, o heridos sin piedad por el acero, exhalaban gemidos de súplica, o gritos de imprecación. Corren presurosos hacia aquel sitio los que confÃan encontrar a sus amigos; mas no tardan en alejarse al reconocer su equivocación.
Mientras tanto, hacia un extremo de la plaza, en las inmediaciones del jardÃn, se organiza con todo el entusiasmo de la caridad popular un hospital militar ambulante. Un joven cirujano, pues asà lo revelan los instrumentos que le rodean, ordena que se lleven todos los heridos de ambos sexos, les hace la primera cura, y al vendarles las heridas, les dirige palabras que más bien indican odio a la causa de su infortunio, que compasión por los efectos que ha producido.
Vocifera a sus ayudantes sin cesar, robustos pregoneros de folletos que se han encargado de tan cruenta revista.