JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Levantó el joven el farol a la altura de su ensangrentada frente, y respondió sin irritarse:
—De manera que yo, extraviado como otros muchos entre la multitud, herido en la frente por la coz de un caballo, y con el brazo izquierdo fracturado por haber caÃdo al foso, soy el único que aquà es rico y noble, según aseguráis. No obstante, ya veis que nadie viene a socorrerme, ya veis que ni siquiera estoy vendado.
—Tendréis algún palacio, sin duda, donde no faltarán médicos que os visiten; buscadlo, ya que podéis andar.
—Vuestro auxilio no ha sido solicitado por mÃ: busco a mi hermana, hermosa joven de dieciséis años, que habrá seguramente sucumbido, aunque no es hija del pueblo. Llevaba vestido blanco y una gargantilla con su cruz al cuello, y asÃ, aunque mi pobre hermana tenga un palacio y médicos, decidme por caridad: ¿habéis visto esa joven que ando buscando?