JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Ahora únicamente me resta daros las gracias —contestó Rousseau—, y enalteceros, no precisamente por la exclusión que hacéis en favor de los pobres, sino por los cuidados que les prestáis. Todos los hombres son nuestros hermanos.
—¿También los nobles, los aristócratas y los ricos? —respondió el facultativo con una mirada que hizo brillar sus encendidos ojos a pesar de los pesados párpados que los velaban.
—También los nobles, los aristócratas y los ricos cuando sufren —contestó Rousseau.
—Me dispensaréis, pero he nacido en Baudry, cerca de Neuchâtel soy suizo como vos, y por lo tanto algo demócrata.
—¡Un compatriota!, ¡un suizo! —exclamó Rousseau—, ¿cómo os llamáis?, decid vuestro nombre.
—Aunque oscuro, pertenece a un hombre modesto dedicado siempre al estudio, aunque espera dedicarse algún dÃa como vos a la dicha de la humanidad: me llamo Juan Pablo Marat.
—Señor Marat, gracias —repuso el anciano—; pero mientras que ilustráis al pueblo acerca de sus derechos, no le excitéis a la venganza, porque si algún dÃa la ejecuta, vos mismo os conmoveréis a la vista de las represalias. Una diabólica sonrisa se dibujó en los labios de Marat, y dijo: