JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Efectivamente, estáis muy magullado, sÃ, terriblemente magullado; pero eso desaparecerá con tónicos, con el aire puro y con distracciones.
—Nada de distracciones —replicó Gilberto mirando a Rousseau—, pues no están destinadas para mÃ.
—¿Qué quiere decir? —interrogó M. de Jussieu.
—Que para el trabajo es incansable este joven —repuso el filósofo.
—Hace bien, pero estos dÃas no se trabaja.
—Es necesario para vivir trabajar siempre —repuso Gilberto.
—¡Bah!, muy poco alimento debéis consumir ahora, y las tisanas que necesitaréis no cuestan mucho.
—Aunque cuesten poco, yo no recibo limosna.
—Estáis loco —replicó Juan Jacobo—, y exageráis todas las cosas, por lo cual os advierto que haréis cuanto el señor ordena, pues ha de ser vuestro médico aunque os pese. ¿Creeréis —añadió dirigiéndose a M. de Jussieu—, que me ha rogado que no llame al facultativo?
—¿Por qué?
—Por evitarme ese gasto: es muy orgulloso nuestro enfermo.